Conexiones. En la intimidad de la habitación propia: dormir, soñar, amar, sufrir.

No hay lugar más íntimo que la habitación propia. Este es un tema que ha sido visitado y revisitado en multitud de ocasiones en la historia del arte y que se puede rastrear hasta la actualidad sin perder vigencia.

La habitación como escenario que condensa un estado psicológico bastante definido ha sido utilizada como marco de creación en obras tan célebres como “El dormitorio en Arlés” de Vincent Van Gogh, pero sobre todo refiriéndose a un personaje, generalmente femenino, como en las obras de Edward Hopper. entre muchos otros, siguiendo esa concepción de que los espacios domésticos y privados son para las mujeres.

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A lo largo del tiempo, y con desde diferentes medios expresivos, la temática de la habitación como espacio íntimo se ha ido manteniendo aunque variando su contextualización. Un tema también trabajado, como veremos, desde la ausencia.

En 1970 Dorothea Tanning realizó la instalación “Chambre 202, Hôtel du Pavot (Habitación 202, Hotel de la Amapola)” que puede verse hasta este fin de semana en la exposición “Formas biográficas“, en el Museo Reina Sofía. En este caso la habitación se traslada del ámbito doméstico a espacios de tránsito, no-lugares, como puede ser un hotel cualquiera, el Hotel de la Amapola. De este modo la habitación pasa de ser un lugar de importancia vital en la biografía de cada uno para ser un lugar impersonal sin lazos ni raíces. Por ello, Tanning concibe una habitación inhabitable, sin cama, sólo ocupada por esculturas blandas, “muebles” inertes y cadavéricos.

En 1999 Tracey Emin expone en la Tate Gallery “My Bed”, una instalación que se compone de una cama deshecha rodeada de un desordenado conjunto de objetos como preservativos, fármacos o cigarrillos. A diferencia de Tanning, Emin centra su obra en sus vivencias, en su biografía haciendo que el espectador participe de acontecimientos íntimos y universalizando sus experiencias más personales. En este caso la obra de esta artista británica se refiere al trauma y al sufrimiento. “My Bed” mostraba su propia cama después de pasarse 15 días metida en ella, después de sufrir un aborto. Emin saca lo más terrible de su intimidad y lo hace visible, enmarcando su dolor en un letrero luminoso sobre la cama que decía “Cada parte de mí está sangrando”.

Por otro lado, no podemos olvidar la habitación como marco íntimo para el sexo y el erotismo. Un gran ejemplo, en esta línea, el proyecto artístico “Intimacy” de Abel Azcona, que se desarrolla entre 2013 y 2014 en diferentes ciudades españolas. Se trata de una video performance que reflexiona sobre los vínculos emocionales íntimos del artista, el cual carece de capacidad plena de empatía, debido a heridas y traumas psicológicos repetidos a la lo largo de su infancia y adolescencia. En las diferentes etapas del proyecto Azona mantiene relaciones de intimidad durante siete días con diferentes amantes, momentos que quedan grabados y pueden visualizarse a través de Vimeo. La cámara graba en un plano superior a una cama que hemos de presuponer y nos ofrece una vista sin interferencias de la piel y los cuerpos relacionándose sexualmente en una intimidad relativa: Están solos pero serán vistos por miles de personas posteriormente.

Vemos como en el arte se cuestiona el espacio de la habitación desde diferentes perspectivas: como lugar íntimo-sexual, tanto propio o como inhabitable, como marco para superar la enfermedad y el dolor o incluso para morir, pero también el dormitorio es un lugar para soñar y así lo muestran los trabajos de artistas como Sandy Skoglund. Las habitaciones y espacios domésticos que recrea y fotografía esta artista estadounidense subvierten las normas de la realidad y se presentan como una posibilidad onírica no muy apacible. Aunque en un primer momento las imágenes pueden parecer bellas o atractivas rápidamente se convierten en lugares incontrolables e inquietantes, como los propios sueños.

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Por último, la habitación se puede entender desde la placidez del descanso, la intimidad de dormir. Así lo hizo en 1979 Sophie Calle con su trabajo “The Sleepers“, una instalación de 179 fotografías y 23 textos explicativos que documentan una serie de acciones y situaciones a las que se prestan una serie de personas que permiten que Calle les observe y fotografíe mientras duermen en turnos de 8 horas cada uno durante una semana. Este material junto con unas entrevistas  posteriores a los participantes dará lugar a un trabajo que cuestiona y experimenta con los límites de lo íntimo y del espacio personal.

Eugenio Ampudia se concentra en el acto de dormir y lo utiliza como un modo silencioso de cuestionar el modo con el que el individuo se relaciona con el espacio público en su serie “Dónde dormir” y reflexiona sobre memoria con la que construimos el espacio social. Se trata de tres piezas de video donde el artista duerme en tres lugares fuera de contexto: el Museo del Prado (bajo el cuadro de Goya “Los fusilamientos del 3 de mayo”), en La Alhambra de Granada y en el espacio de IFEMA donde tiene lugar la Feria ARCO. Tres espacios diferentes de arte donde Ampudia quiere imponer el estado mental de la intimidad de la habitación propia: “En esta pieza me presento, más que como artista, como alguien que duerme ahí, para que los espacios asignados para el arte sean íntimos y cercanos para el espectador, que el visitante se pueda sentir casi como en casa, que lo tome como un espacio habitable. De esta idea surge la acción”.

Como vemos no sólo el arte se refiere en ocasiones a lo íntimo, sino que también los espacios de arte son reclamados como espacios de intimidad y de experiencia cercana, donde el espectador pueda sentirse como en casa y establecer vínculos y relacionarse con las obras como en la comodidad del hogar. Así lo hacen las instalaciones de artistas como Pipilotti Rist o Ernesto Neto que invitan a los participantes a descansar, a tumbarse, incluso a dormir plácidamente.

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En 2009 la artista china Chu Yun dentro de la exposición “The Generational: Younger Than Jesus” del New Museum invitaba a mujeres entre 18 y 40 años a dormir en su instalación “This is XX”, una cómoda cama de acogedoras sábanas blancas. Yun concebía esta pieza como una escultura viva que representaba a Bellas Durmientes actuales y reales, como islas de calma dentro de un espacio ajeno que en ocasiones resulta incómodo y masivo.

Dormir, soñar, amar, sufrir. Actos y sentimientos que nacen a solas y se viven en silencio pero que pueden compartirse y practicarse en compañía. Lo mismo ocurre con el arte, que nace desde la soledad para ser vivido en comunidad, aunque buscando siempre la intimidad de la experiencia individual.

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