Triple salto mortal: die young, stay pretty.

letra

Hay diferentes modos de establecer conexiones entre diferentes artistas. No sólo atendiendo a su obra, sino también acudiendo a su biografía. Por eso hoy empezamos por el final.

Son célebres las historias que cuentan la manera de morir de ciertos artistas que decidieron terminar su vida suicidándose: Vincent Van Gogh, Ernst Ludwig Kirchner o Jackson Pollock, podrían ser unas de las más conocidas. Sin embargo hoy vamos a hablar del modo de morir de un grupo de mujeres artistas cuya trágica historia es menos conocida: Ana Mendieta, Francesca Woodman y Jean Hébuterne. Tres artistas que eligieron un mismo destino: morir al precipitarse por la ventana. Un salto a la eternidad. Las motivaciones de cada una de ellas fueron diferentes, pero siempre con el denominador común de un amor insatisfecho.

La pintora francesa Jeanne Hébuterne (1898 – 1920), por desgracia más conocida por su relación con Modigliani, decidió precipitarse desde el balcón en su noveno mes de embarazo tras la muerte de su marido. Todavía no había cumplido los veintidós años cuando decidió acabar con una corta vida llena de amor y miseria.

Con 19 años ya practicaba la pintura en la Academia Colarossi donde conoció a Amedeo Modigliani. La personalidad y la vida bohemia del pintor producían gran atracción y resultaba casi irresistible, para Jeanne no fue diferente. Se enamoró de él y se fue a vivir una vida bohemia a Montparnasse junto al pintor, a pesar de la desaprobación de su familia pues Modiliani era considerado por todos como un libertino. A Jeanne no le importó, se quedó al lado de Modigliani, a pesar de su alcoholismo y su tuberculosis. En 1918, fruto de esa desgraciada relación, nació una niña que decidieron abandonar por falta de recursos. Para entonces Amedeo ya era un hombre acabado, la bebida, las drogas y la enfermedad lo destrozaron.

Durante una semana Modigliani agonizó. Ninguno de los dos salió del cuarto en que vivían, tampoco se alimentaron. El 24 de enero de 1920 Modigliani murió, Jeanne estaba embarazada de ocho meses y había alcanzado un grado de inanición cercano a la muerte.

Jeanne fue llevada a la casa de su padre. Mientras la familia discutía sobre el honor, Jeanne se tiró por la ventana. Cayó desde un quinto piso. Ese 25 de enero de 1920 se mató. También mató al hijo que llevaba en el vientre[1].

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Treinta y ocho años después nacía en un pueblo de Colorado Francesca Woodman (1958 – 1981), quien sería conocida por la historia del arte por su trabajo fotográfico. Un trabajo donde el cuerpo femenino es el protagonista. Lo abstracto y lo extraño se confunde con los espacios y arquitecturas donde la propia artista hace en ocasiones de modelo. Su intento fallido por contar con el apoyo de artistas y galeristas influyentes de Nueva York empezó a hundir su moral. Junto a ello, se señala también como condicionante el paso por una ruptura traumática que le obligó a peregrinar por varios centros psiquiátricos y que finalmente le sumió en una enorme depresión.

Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones, en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…“. Un último suspiro; el pensamiento póstumo de Francesca Woodman que quedaría plasmado en la carta que escribió justo antes de tirarse por una ventana el 19 de enero de 1981. Tenía 22 años.[2]

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Sólo cuatro años después, el 8 de septiembre de 1985, en la ciudad de Nueva York Ana Mendieta (1948 – 1985) saltaba al vacío desde un piso 34. Tenía 36 años. Su pareja, el escultor Carl André fue sospechoso y juzgado por haberla empujado. Pero las pruebas no fueron concluyentes y el juicio por su muerte concluyó en suicidio.

Ana se usó a sí misma como una metáfora. Y hasta su muerte trágica pareció completar el ciclo -con una lógica escalofriante- en una última obra. Como signo de la utopía e imposibilidad de su proyecto, la silueta final quedó sobre el cemento de Nueva York, volviendo a los primeros performances de Mendieta con la muerte y la sangre[3].

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Hébuterne, Woodman y Mendieta trabajan diferentes formatos pero repiten un mismo motivo: su biografía. Una biografía soportada por su propio cuerpo, la propia fisicidad, que aparece constantemente representada en los autorretratos de Jeanne, las fotografías de Francesca y las acciones de Ana. Sus rostros, sus cuerpos, nos hablan de ese momento final que quedaba por venir y por el que quedarán terminantemente unidas: el salto al vacío, a la eternidad de la Historia, motivado por un amor trágico, inconveniente.

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[1] BOVERI, J.C (2011): Jeanne Hébuterne. La pintora y amante de Modigliani. http://juancarlosboveri.wordpress.com/category/jeanne-hebuterne-la-pintora-y-amante-y-modigliani/

[2] LORENTE, S (2014): El arte inmortal y suicida de Francesca Woodman. http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/04/el-arte-inmortal-y-suicida-de-francesca-woodman.html

[3] MOSQUERA, G: Ana Mendieta. http://performancelogia.blogspot.com.es/2007/08/ana-mendieta-gerardo-mosquera.html

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